Por: Dr. Adriano Spada Chiodo

Cada persona ante un problema de la vida reacciona de forma diferente tanto desde el punto de vista conductual como emocional. Esto sucede porque todos tienen una forma diferente de interpretar los eventos a la luz de sus propios patrones de pensamiento y creencias sobre sus habilidades y recursos internos. Podemos delinear 5 tipos de pensamiento diferente; veámoslos específicamente:

Pensamiento de Pollianna: es típico de aquellas personas que tienen una visión positiva irreal de las situaciones y devalúan la importancia y gravedad de los problemas. Los niegan y siempre piensan que todo irá bien; se centran únicamente en los elementos positivos de una situación y no ven las posibles consecuencias negativas. Esta no es una forma funcional de pensar, ya que al negar los problemas, a menudo se encuentran en problemas. De esta manera no se cuidan, no se protegen. Es una forma de pasividad y evitación.

Pensamiento ansioso: es típico de aquellas personas que se dejan abrumar por pensamientos catastróficos. Anticipan problemas inexistentes, dramatizan. Siempre imaginan el peor resultado posible. Es comúnmente una forma de pensar adquirida en la niñez. Son personas que crecieron en un entorno caótico, ansioso o traumático. Sus mentes están atravesadas por imágenes aterradoras, pensamientos confusos que les impiden concentrarse en el problema y tomar las medidas adecuadas. En consecuencia, los pensadores ansiosos experimentan cualquier situación con un estado de tensión, agitación y estrés innecesario que hace que la situación sea más problemática de lo que realmente es.

Pensamiento depresivo: es típico de aquellas personas que se sienten abrumadas por los problemas y la vida, indefensas, inútiles y desesperanzadas. Sienten que no pueden hacer frente a tareas y eventos inesperados. Se desesperan y tienen sentimientos negativos sobre sí mismos. Este estilo también se aprende en la infancia y se activa en situaciones de alto estrés. La visión pesimista de sí mismos les impide buscar soluciones y enfrentar un problema. Entonces, en lugar de tener que lidiar solo con la situación a resolver, también se ocupan de desvalorizar ideas sobre sí mismos.

Pensamiento victimista: típico de las personas que atribuyen a los demás la responsabilidad de sus problemas y la condición en la que se encuentran. Están convencidos de que alguien o algo está tratando de lastimarlos o lastimarlos intencionalmente. La ira que sienten se proyecta entonces fuera de ellos mismos, contra la mala suerte, la vida o contra otras personas y de esta manera se protegen evitando reconocer que han tomado decisiones inadecuadas. Así, en lugar de tener que lidiar únicamente con el problema contingente, también deben luchar contra las “voces en su cabeza” con las que están convencidos de que son objeto de un complot en su contra. Están convencidos de que su vida es miserable y que podrán redimirse de esta condición solo si otros cambian, que esto no depende de su voluntad y por lo tanto no pueden hacer nada al respecto.

Pensamiento realista: es propio de quienes son capaces de reconocer la existencia de un problema y analizarlo sin dejarse arrastrar por pensamientos inútiles (desvalorización de la situación, de uno mismo, desesperación, catastrofización, postergación de responsabilidades). Tienen confianza en sus habilidades y capacidades y, por tanto, creen que son capaces de afrontar cualquier situación. Utilizan su energía mental, concentración y motivación de manera funcional para resolver el problema. Aceptan la situación tal como se presenta, evalúan las opciones disponibles a través de un “brainstorming” útil para encontrar más soluciones y elegir la mejor opción. Su análisis es lúcido y realista; si nada parece funcionar, buscan la ayuda de alguien para ampliar su visión y así captar otros aspectos y soluciones. Abordan los problemas de forma directa, evitando minimizar, negar o devaluar la realidad, ellos mismos o culpar a alguien.

Los primeros estilos de pensamiento descritos funcionan en su contra cuando intenta resolver los problemas inevitables de la vida cotidiana. Te llevan a crear películas de desastres horribles e inútiles, a desmoralizarte, a hacerte sentir un fracasado, incapaz, desmotivado y desesperado. En realidad, son distorsiones cognitivas automáticas, reacciones impulsivas de una mente herida que muy probablemente sufrió varias veces durante la infancia al crecer en un entorno familiar disfuncional, tóxico o abusivo. Pueden ser el resultado de condiciones adquiridas como resultado de la intimidación, las burlas o el efecto de una pérdida traumática.

Cuando surgen estos pensamientos automáticos, es importante recordar que no se trata de evaluaciones y percepciones reales, sino simplemente de lo que la mente está programada para pensar bajo estrés. Estos son fenómenos mentales y nada más. Al estar cargados de emoción, tienden a captar tu atención y llevarte a un estado de trance, miedo, desesperación y una sensación de ineptitud.

¿Cómo recuperar la claridad mental, para afrontar los problemas de forma realista, cuando reconoces que estás invadido por pensamientos disfuncionales? Aquí hay algunos consejos que puede seguir:

• Concéntrese en respirar alternando inhalaciones y exhalaciones rítmicamente profundas hasta que la mente se calme; (por ejemplo, 4x7x8)

• Enfoque su atención enfocándose en su experiencia sensorial del aquí y ahora: sensación de los músculos, del viento en su cara para dejar ir cualquier pensamiento innecesario;

• Concéntrese en las cosas que puede ver, oír, oler, saborear o tocar, como la sensación causada por una tela tocada con la mano. Repita la experiencia sensorial hasta que la mente se haya calmado;

• Visualízate en un lugar donde te sientas absolutamente seguro e intenta imaginar todas las sensaciones placenteras que esta imagen mental despierta en ti (sonidos, olores, percepciones…);

Más tarde, cuando esté tranquilo, intente repensar y visualizar el problema por lo que está usando el pensamiento realista, dicho pensamiento representa una construcción mental positiva con la que cada uno de nosotros debe aprender a relacionarse para poder llevar un estilo de vida saludable y saludable.

El autor: Adriano Spada Chiodo, Mental Coach.

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