La depresión es una forma alterada de la tristeza tanto por su intensidad, desproporcionada en relación con los acontecimientos, como por su duración. La depresión no es simplemente una emoción intensa desagradable sino una condición patológica que implica el funcionamiento mental con importantes diferencias en comparación con las oscilaciones normales del estado de ánimo. Generalmente todas nuestras emociones (tristeza, ira, miedo, alegría, aburrimiento, celos) tienen la característica de ser temporales y variables; no se puede sentir la misma emoción durante un tiempo prolongado.

Además, las emociones negativas, además de ser percibidas durante un período de tiempo medio-corto, están vinculadas a episodios específicos e identificables por las personas (problema de trabajo, dificultades en la relación afectiva…).

La persona deprimida, aunque pueda identificar el momento en el que empezó a sentirse mal y relacionar su malestar con eventos estresados generales, no es capaz de reconducir su malestar a un evento único y específico.

Sólo en el caso de la depresión reactiva, es decir, como reacción a un acontecimiento de gran importancia, es identificable con precisión una causa: luto, enfermedad grave, jubilación, despido, pérdida de un amor.

El diagnóstico de depresión se realiza a la luz de los parámetros establecidos por la comunidad científica y publicados en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM):

  • La persona se siente triste, sin esperanza o desanimada. El Estado de ánimo negativo y depresivo perdura la mayor parte del día, casi todos los días y puede ir acompañado de un aumento de la irritabilidad hacia las personas y de la frustración ante cosas de poca importancia.
  • Disminución de interés o placer para todas, o casi todas, las actividades asociadas con el aislamiento. La persona interrumpe muchas de las actividades que anteriormente realizaba en contacto con los demás.
  • Disminución del deseo sexual.
  • Cambios en los hábitos alimenticios: en algunos casos el apetito disminuye, en otros aumenta (búsqueda de alimentos dulces) resultando en disminución o aumento de peso.
  • Alteración del sueño: la depresión se acompaña de dificultad para dormir, despertar por la noche, despertar temprano por la mañana.
  • Agitación o ralentización psíquica y motora: la persona parece inquieta y tiene dificultad para estar sentada y relajada o, por el contrario, ralentizada en los movimientos, en la eloquio (voz es baja y monótona), es fácilmente fatigable cuando está comprometida en simples actividades.
  • Sensación de devaluación y culpa: la persona se valora de manera negativa, se siente a menudo culpable por su estado de salud y reflexiona sobre posibles errores del pasado.
  • Dificultad de concentración: y en la toma de decisiones, en el pensamiento y la concentración. Los pensamientos recurrentes de la muerte y, en los casos más graves incluso intentos de suicidio a causa de la dificultad para manejar el dolor y el malestar, o por la creencia de ser una carga para los demás.

El diagnóstico consiste en la presencia de cinco (o más) de los síntomas enumerados, durante al menos 2 semanas, de los cuales al menos uno consiste en estado de ánimo deprimido o pérdida de interés o placer. Para que sea válido, el diagnóstico debe ser realizado por un clínico (psicólogo clínico, psicoterapeuta, entrenador mental o médico/psiquiatra) para poder excluir otras patologías similares cuyos síntomas podrían ser comparables.

Para un diagnóstico siempre es necesario tener cuidado con el fin de no confundir la simple fatiga o reacción a algunos cambios en la vida por depresión (episodio depresivo mayor individual o recurrente) como volver del trabajo, preocupaciones de la vida cotidiana…

La persona deprimida, de hecho, manifiesta un cambio significativo en al menos un área de su vida cotidiana: puede comprometer el funcionamiento laboral, la calidad y la frecuencia de las relaciones sociales, el cuidado de sí mismo, la búsqueda de actividades agradables en el tiempo libre. Si la persona tiene pocos síntomas que interfieran de forma limitada con sus actividades, entonces estamos en presencia de una depresión media leve, mientras que si los cambios en el estilo de vida son significativos, es decir, afectan a más áreas de su vida, observables tanto por la persona deprimida como por los que la rodean, entonces se trata de depresión grave.

Además del número de síntomas presentes, es importante evaluar el tipo de pensamientos: la persona deprimida afronta lo que vive y lo que debe afrontar de manera negativa y pesimista.

La depresión puede ser causada por un conjunto de factores, que varían de persona a persona, y que pueden afectar a su posibilidad de enfermarse. Se habla de tres factores principales:

1.  factores biológicos: la depresión está relacionada con el funcionamiento de las estructuras cerebrales factores genéticos y hereditarios;

2.           psicológicamente: la depresión está relacionada con la estructura de la personalidad difícil y su capacidad para reconocer y utilizar sus recursos frente a los problemas de la vida.

3.           sociales: la depresión También está relacionada con la red social en la que la persona que se introduce depende de la presencia o la falta de apoyo de los conocidos, amigos y familiares, de las condiciones de trabajo económicas.

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