El 14 de julio de cada año se conmemora el día internacional de los tiburones, siendo animales generalmente conocidos por la mala fama que nos ha brindado Hollywood, la cual nos ha hecho creer que son depredadores insaciables de sangre humana y que debemos exterminarlos para poder disfrutar de las aguas costeras y oceánicas; sin embargo, esto es totalmente falso, los humanos no formamos parte de la dieta de estos peces y aunque en una considerable medida, son peligrosos, desempeñan papeles vitales dentro del ecosistema.

La desaparición de estos escualos involucraría la aparición de una inminente cascada trófica en el ecosistema, las poblaciones de otras especies aumentarían y disminuirían desequilibradamente, a tal rango que desestabilizaría la cadena trófica y provocaría muchos impactos ecológicos negativos en las estructuras y funciones de las comunidades, afectando la capacidad de resiliencia de los ecosistemas marinos.

En Panamá, según datos de captura, el número de especies de tiburones y rayas ronda entre 30 a 40 especies, siendo el tiburón martillo común (Sphyrna lewini) la especie más representativa; sin embargo, el número total de estos elasmobranquios podría llegar a ser de 80 especies en aguas panameñas, distribuidas a distintas profundidades. Pero bien, ¿Cuál es la problemática de los mismos?

El 14 de julio de cada año se conmemora el día internacional de los tiburones, siendo animales generalmente conocidos por la mala fama que nos ha brindado Hollywood, la cual nos ha hecho creer que son depredadores insaciables de sangre humana y que debemos exterminarlos para poder disfrutar de las aguas costeras y oceánicas.

El aleteo o finning es definido como la práctica de cortar las aletas de tiburón y descartar el resto del cuerpo en el mar; en países asiáticos es muy cotizada la famosa “sopa de aleta de tiburón” puesto que el tejido elástico y sólido que se extrae del mismo, es una excelente fuente de fósforo, calcio y colágeno marino, el cual se emplea en tratamientos de antienvejecimiento, contribuye a la regeneración de los cartílagos, posee propiedades analgésicas y antiinflamatorias, ayuda a que las heridas cicatricen mejor y es una fuente importante de proteínas.

En Panamá, esta práctica empezó aproximadamente en los 70’s, mayormente en aguas del Pacífico, en donde los asiáticos pagaban por libra de aleta unos 40 a 80 dólares, siendo las principales especies capturadas el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), el tiburón toro (Carcharhinus leucas), el tiburón martillo (Sphyrna lewini) y el tiburón zorro (Alopias superciliosus). El valor comercial del tiburón radicaba en su aleta, la carne de los mismos tenía un precio de tan solo 25 centavos, por lo que los pescadores preferían llenar el bote de muchas aletas, que de pocos tiburones.

Al notar la disminución de las poblaciones, empieza a regir la Ley 9 del 16 de marzo de 2006 que prohíbe la práctica del aleteo de tiburones en buques con bandera panameña, en la cual los botes tenían que traer al punto de desembarque tanto los cuerpos como las aletas; para comprobar que la pesca fue legal, se pesaban los troncos y las aletas, estas últimas representan el 5% del peso total de los escualos, entonces, si los valores eran correctos (un 5% las aletas y un 95% el resto del tiburón) se confirmaba una pesca legal, si el valor de las aletas era mayor a un 5% se daba a entender que los pescadores practicaron el aleteo. El beneficio de esta regulación era evitar el sufrimiento del pez al caer a las profundidades sin ninguna de sus extremidades y a la vez, aprovechar la carne del tiburón.

La presencia de estos animales es de vital importancia para el correcto equilibrio de los ecosistemas, además que generan beneficios económicos, culturales y científicos; en Panamá, gracias a la gran presión pesquera, las poblaciones de los mismos han disminuido grandemente, es importante recalcar que la captura de tiburón no está prohibida hoy en día en nuestro país, sino el aleteo; por ende, es importante crear conciencia en todos los niveles para poder establecer las correctas regulaciones.

Redactado por: Milagros González y Vaneza Batista | Grupo de Interés Temático de Conservación de Especies Marinas, Asociación de Ciencias Biológicas BioFuture Panamá

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