Mucho hemos escuchado sobre la importancia del docente en la labor de transformación de la población y de la gran responsabilidad del mismo en el proceso de enseñanza- aprendizaje. Esta loable profesión hoy cobra mayor relevancia, ante los nuevos escenarios educativos que afronta el mundo producto del enemigo proveniente del gigante asiático, el cual ha dejado a más de 156 millones de estudiantes latinoamericanos fuera del sistema según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, abreviado internacionalmente como Unesco.

El aprendizaje mediado por la tecnología, ha sido la alternativa para continuar con la educación, sin embargo, es una opción que deja por fuera los más vulnerables, aquellos que nunca han tenido acceso a internet, menos a un dispositivo tecnológico en el cual pueden recibir clases o hacer sus asignaciones, sin entrar en temas de hambre y de otras necesidades que siempre han tenido el grupo más débil de la sociedad.  Toco ser más empático   y colocarse en los zapatos de cientos de cientos de estudiantes que atraviesan por un sin número de vicisitudes para poder cumplir con las clases y asignaciones.

En la praxis docente, muchos profesionales de la educación dieron un giro radical; para muchos fue volver aprender formas y métodos de enseñanza, para poder llegar aquellos que pueden acceder a la educación mediados por la tecnología, donde no basta con contar con las herramientas digitales y si no hay que ser capaz, de crear formas novedosas de enseñanza, para tener la atención del estudiante.  Nuestra labor de actualización nunca termina y muchos centros de enseñanza contribuyen a ello y en el mejor de los casos, se busca por cuenta propia.

Ese docente que fue capaz de adaptarse a la “nueva forma de enseñar”, es capaz también de seguir aprendiendo, para dar todo de sí, fiel a su vocación de servicio.

Estoy más que seguro que la mayoría extraña regresar a las aulas,  compartir con sus estudiantes, colegas , volver  a vivir proyectos y actividades presenciales, sentir ese calor humano, porque la educación debe ser  eso,  un proceso humano cálido, armonioso.

Abdel Rivera

Docente Universitario

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